Le
sinistre e il "blocco" a Cuba
Da
*Humberto
Belli Pereira, Nicaragua
La izquierda mundial está celebrando el reciente
voto de 182 países en las Naciones Unidas, condenando el llamado
"bloqueo" norteamericano a Cuba. En realidad, podrían encontrarse
argumentos para cuestionar la negativa de Estados Unidos a vender,
comprar o invertir, en dicho país. Pero si la izquierda fuera
consecuente con sus propias creencias, lejos de oponerse al embargo
comercial estadounidense debería aplaudirlo.
En efecto, una de las famosas producciones
intelectuales de los izquierdistas latinoamericanos, conocida coma
"la teoría de la dependencia", argumentaba que los países
desarrollados empobrecían a los subdesarrollados a través de la
imposición de términos de intercambio injustos: compraban nuestras
materias primas, cada vez más baratas, y nos vendían sus productos
manufacturados, cada vez más caros.
También nos explotaban a través de las empresas
multinacionales, las cuales extraían más riquezas de nuestras
economías que las que invertían, y a través de los préstamos
onerosos de la banca capitalista. En resumen, para los países
subdesarrollados era una calamidad verse incorporados al círculo de
relaciones económicas de las metrópolis imperialistas. Autores como
Galeano (Las venas abiertas de América Latina), Cardoso, Furtado,
Gunder Frank y otros, exponían dichas ideas ante la fascinación de
la intelectualidad universitaria latinoamericana y ante el arrebato
casi místico de revolucionarios como el Che, Castro, Fonseca y
Ortega.
Por eso es realmente sorprendente que al lograr
Cuba la bendición de ser excluida de ese comercio rapaz, y de esas
inversiones y préstamos tan dañinos procedentes de Estados Unidos,
la izquierda proteste y atribuya las penalidades de la revolución,
¡a dicha ausencia! "Todo este bloqueo -decía adolorido el escritor
Aldo Díaz Lacayo- le ha costado al pueblo cubano mil setecientos
millones de dólares por año". Si esto fuera cierto, ¿no significa
que las relaciones económicas con Estados Unidos son una bendición y
no la maldición que denunciaba Galeano?
El izquierdista que mantiene las creencias
clásicas sobre la dependencia, pero que deplora al mismo tiempo que
los Estados Unidos se nieguen a vender, comprar, y prestar a Cuba, o
que sus empresas explotadoras hagan negocio con la isla, incurre en
una contradicción que denota falta de honestidad intelectual. Lo más
honrado y lógico sería que la izquierda reconociera, como lo hizo
Cardoso en Brasil, que efectivamente el comercio e inversiones de
los imperialistas pueden ser muy beneficiosas, y que la teoría de la
dependencia fue una extravagancia adolescente, como tantos otros
mitos populistas. Porque si se continúa pensando que ésta tiene
vigencia, lo único que cabría, si se quiere ser lógico, es aplaudir
el actual embargo comercial.
Pero claro, la lógica no es la virtud preferida
por muchos izquierdistas. En particular entre aquellos que se rasgan
las vestiduras ante el "bloqueo", denunciando la supuesta violación
al derecho de los pueblos a negociar libremente, pero ignoran
completamente el verdadero bloqueo que el gobierno cubano hace
contra sus propios ciudadanos. Porque si es inmoral que se le niegue
a Cuba comerciar con el imperio, ¿no es también inmoral que se le
impida a los cubanos a comerciar entre sí?
Dentro de todos los gobiernos de América Latina,
no hay uno solo que bloquee tanto la libertad económica de sus
ciudadanos como lo hace el régimen castrista. Los cubanos no pueden
producir lo que les parezca ni comprar y vender a quien quieran. La
potestad de producir y vender es monopolio del Estado. Los cubanos
tampoco pueden intercambiar con libertad sus ideas. Los últimos en
intentarlo tienen condenas de más de veinte años. Tampoco tienen la
libertad que goza un salvadoreño, mejicano o nicaragüense, de
reclamar a sus políticos, cambiar sus dólares, residencia o empleo,
o de ir a pasar las navidades con su hija a Costa Rica. Los cubanos
están bloqueados por todas partes y a todas horas, y no por el
imperio, sino por un sistema arcaico y opresor que pasará a la
historia como una de las grandes ignominias del siglo XX.
Pero en fin, así es la izquierda radical:
hipócrita e inconsistente. Llora las menores injusticias cometidas
por otros, y no ven las inmensas que cometen sus propios
partidarios. Deplora las desigualdades sociales y los "megasalarios"
de los empleados públicos, pero sus líderes son aficionados a los
Mercedes Benz y las mansiones. Reniegan de los tratados de libre
comercio con el imperio, pero cuando éste se niega a comerciar con
ellos, se horrorizan del costo y lo condenan por inhumano.
* El autor fue Ministro de Educación de
Nicaragua.
La Prensa,
Nicaragua, Noviembre 15, 2005

Por *Humberto
Belli Pereira, Nicaragua
Las izquierdas y el "bloqueo" a Cuba
 |
La izquierda mundial está celebrando el reciente
voto de 182 países en las Naciones Unidas, condenando el llamado
"bloqueo" norteamericano a Cuba. En realidad, podrían encontrarse
argumentos para cuestionar la negativa de Estados Unidos a vender,
comprar o invertir, en dicho país. Pero si la izquierda fuera
consecuente con sus propias creencias, lejos de oponerse al embargo
comercial estadounidense debería aplaudirlo.
En efecto, una de las famosas producciones
intelectuales de los izquierdistas latinoamericanos, conocida coma
"la teoría de la dependencia", argumentaba que los países
desarrollados empobrecían a los subdesarrollados a través de la
imposición de términos de intercambio injustos: compraban nuestras
materias primas, cada vez más baratas, y nos vendían sus productos
manufacturados, cada vez más caros.
También nos explotaban a través de las empresas
multinacionales, las cuales extraían más riquezas de nuestras
economías que las que invertían, y a través de los préstamos
onerosos de la banca capitalista. En resumen, para los países
subdesarrollados era una calamidad verse incorporados al círculo de
relaciones económicas de las metrópolis imperialistas. Autores como
Galeano (Las venas abiertas de América Latina), Cardoso, Furtado,
Gunder Frank y otros, exponían dichas ideas ante la fascinación de
la intelectualidad universitaria latinoamericana y ante el arrebato
casi místico de revolucionarios como el Che, Castro, Fonseca y
Ortega.
Por eso es realmente sorprendente que al lograr
Cuba la bendición de ser excluida de ese comercio rapaz, y de esas
inversiones y préstamos tan dañinos procedentes de Estados Unidos,
la izquierda proteste y atribuya las penalidades de la revolución,
¡a dicha ausencia! "Todo este bloqueo -decía adolorido el escritor
Aldo Díaz Lacayo- le ha costado al pueblo cubano mil setecientos
millones de dólares por año". Si esto fuera cierto, ¿no significa
que las relaciones económicas con Estados Unidos son una bendición y
no la maldición que denunciaba Galeano?
El izquierdista que mantiene las creencias
clásicas sobre la dependencia, pero que deplora al mismo tiempo que
los Estados Unidos se nieguen a vender, comprar, y prestar a Cuba, o
que sus empresas explotadoras hagan negocio con la isla, incurre en
una contradicción que denota falta de honestidad intelectual. Lo más
honrado y lógico sería que la izquierda reconociera, como lo hizo
Cardoso en Brasil, que efectivamente el comercio e inversiones de
los imperialistas pueden ser muy beneficiosas, y que la teoría de la
dependencia fue una extravagancia adolescente, como tantos otros
mitos populistas. Porque si se continúa pensando que ésta tiene
vigencia, lo único que cabría, si se quiere ser lógico, es aplaudir
el actual embargo comercial.
Pero claro, la lógica no es la virtud preferida
por muchos izquierdistas. En particular entre aquellos que se rasgan
las vestiduras ante el "bloqueo", denunciando la supuesta violación
al derecho de los pueblos a negociar libremente, pero ignoran
completamente el verdadero bloqueo que el gobierno cubano hace
contra sus propios ciudadanos. Porque si es inmoral que se le niegue
a Cuba comerciar con el imperio, ¿no es también inmoral que se le
impida a los cubanos a comerciar entre sí?
Dentro de todos los gobiernos de América Latina,
no hay uno solo que bloquee tanto la libertad económica de sus
ciudadanos como lo hace el régimen castrista. Los cubanos no pueden
producir lo que les parezca ni comprar y vender a quien quieran. La
potestad de producir y vender es monopolio del Estado. Los cubanos
tampoco pueden intercambiar con libertad sus ideas. Los últimos en
intentarlo tienen condenas de más de veinte años. Tampoco tienen la
libertad que goza un salvadoreño, mejicano o nicaragüense, de
reclamar a sus políticos, cambiar sus dólares, residencia o empleo,
o de ir a pasar las navidades con su hija a Costa Rica. Los cubanos
están bloqueados por todas partes y a todas horas, y no por el
imperio, sino por un sistema arcaico y opresor que pasará a la
historia como una de las grandes ignominias del siglo XX.
Pero en fin, así es la izquierda radical:
hipócrita e inconsistente. Llora las menores injusticias cometidas
por otros, y no ven las inmensas que cometen sus propios
partidarios. Deplora las desigualdades sociales y los "megasalarios"
de los empleados públicos, pero sus líderes son aficionados a los
Mercedes Benz y las mansiones. Reniegan de los tratados de libre
comercio con el imperio, pero cuando éste se niega a comerciar con
ellos, se horrorizan del costo y lo condenan por inhumano.
* El autor fue Ministro de Educación de
Nicaragua.
La Prensa,
Nicaragua, Noviembre 15,
2005