Publicado el domingo, 21 de septiembre de
1997 en El Nuevo Herald
"Yo enterré al Che" Exiliado rastreó al Che para vengar suicidio de su padre JUAN O. TAMAYO
Redactor de El Nuevo Herald
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Por primera vez en 30 años el exiliado cubano que dirigió el entierro de los restos del Che rompe el silencio, aunque su versión de los hechos contradice en forma importante los datos emanados del hallazgo del cadáver este año.
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GUSTAVO VILLOLDO, Exiliado cubano y veterano de la CIA
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El 17 de octubre, los principales
dirigentes de la revolución cubana se van a reunir en la ciudad de Santa Clara
para una ceremonia sin paralelo en la historia de Cuba. De Fidel Castro
para abajo, estarán presentes en la base de una estatua de bronce de 22
pies de alto en una plaza de la ciudad. Allí, con toda la reverencia y
solemnidad de una misa, enterrarán los huesos, perdidos durante
muchos años, del legendario Ernesto ``Che'' Guevara, uno de los
fundadores de la revolución y símbolo mundial de los futuros
rebeldes.
Al pie de la enorme estatua, a los 30 años
exactos de su muerte, habrá discursos y lágrimas. Hablarán de los
sueños del Che, de su vida espartana, de su fervor revolucionario.
Quizás hasta de su captura y ejecución en las selvas de Bolivia.
Pero no es probable que en todos esos
discursos alguien vaya a mencionar a un veterano combatiente de origen cubano
llamado Gustavo Villoldo. |
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Y fue Villoldo el que se ofreció este verano
para desenterrar los restos, desatando una carrera tripartita por
los preciados huesos, en una lucha entre Villoldo, los cubanos que
querían ganar una histórica batalla de propaganda y los bolivianos que
querían una atracción turística.
Villoldo ha decidido romper el secreto, en su
primera descripción pública del entierro del Che en 30 años, y
su historia contradice la versión cubana de cómo recuperaron los
huesos de Ernesto Guevara.
``Tan seguro como que estoy aquí puedo
decirle que sé exactamente cuántas personas enterré y exactamente dónde
las enterré'', dice Villoldo.
El centro de la historia de Villoldo es la
muerte de su padre.
Comienza la historia...
Pocos días después del derrocamiento de
Fulgencio Batista, el 1ro. de enero de 1959, el joven Villoldo fue
arrestado durante 10 días y acusado por un cesanteado empleado de la agencia de
automóviles y planta de ensamblaje que poseía su padre en La Habana.
Y pocos días después, el Che personalmente ordenó la ocupación de la
firma, Villoldo GM, y su parque de unos 360 vehículos, alegando que
había recibido injustas exenciones tributarias de Batista.
``El 16 de febrero de 1959, mi padre se
suicidó'', recuerda Villoldo. ``Se tomó una botella completa de pastillas
para dormir y dejó una serie de notas para su familia, acusando a los
`barbudos' de arruinarlo. Todavía las
guardamos''.
Villoldo se fue de Cuba 29 días después e
inmediatamente se unió a los exiliados anticomunistas en Miami. Como jefe
de inteligencia y seguridad del ala aérea de la Brigada 2506, participó
en dos vuelos en B-26 sobre Bahía de Cochinos pero eludió ser derribado
y regresó sano y salvo a la pista secreta en Nicaragua denominada Happy
Valley.
Villoldo se ganó entonces una comisión como
segundo teniente en el Ejército de Estados Unidos para entrenarse
en guerrillas y tácticas contrainsurgentes. Se trasladó a la CIA en
1964.
Villoldo se infiltró entre 30 y 40 veces en
Cuba por períodos que comprendieron entre unas horas y 20 días, en
misiones de sabotaje y de otro tipo, tanto de la CIA como de otras
agencias de inteligencia, entre 1959 y 1971, un conteo confirmado por un ex
oficial de la CIA que lo conocía de aquella época.
Hizo trabajos clandestinos contra grupos
insurgentesizquierdistas de Guatemala, el Congo Belga, Bolivia y Ecuador.
Se retiró de la CIA en 1970.
Entra en acción la CIA.
A principios de 1965, la CIA comenzó a oír
rumores sobre el plan del Che de exportar la revolución castrista.
Inmediatamente, los oficiales de la CIA pusieron a Villoldo y a otros
cubanoamericanos tras la pista del argentino.
Villoldo dirigió a un grupo de agentes
cubanoamericanos de la CIA, que fue al Congo más tarde ese año. El Che
apenas tuvo tiempo de escapar, cruzando a la cercana Tanzania con otros 120
cubanos, después que el gobierno aplastó a las fuerzas
insurgentes.
Las órdenes de Villoldo en la CIA eran de
localizar al Che, recuerda, ``pero mi intención era cogerlo, vivo o
muerto''.
Del Congo y luego de varios meses de
recuperación física y mental, el Che pasó a Bolivia, donde apenas estuvo 12
meses. Los últimos cuatro los pasó huyendo de un batallón de Rangers del
ejército boliviano, entrenados por los Boinas Verdes del Ejército
de Estados Unidos y asesorados por un equipo de tres exiliados
cubanos que trabajaban para la CIA. Un funcionario de la CIA que dirigió
la operación de Bolivia ha confirmado que Villoldo era ``el principal
agente en el terreno''.
Dos de los otros tres hombres de la CIA, el
radio operador Félix Rodríguez y el asesor de la policía urbana
José García, ofrecieron sus propias versiones en libros sobre la cacería
del Che.
Pero el jefe del equipo, Villoldo, ha
mantenido su versión de los sucesos para sí mismo, hasta
ahora.
Entre sus tareas estaba evaluar la información
obtenida del interrogatorio al escritor Regis Debray, que
había sido capturado tras visitar al Che en la selva boliviana.
Villoldo dijo que Debray ``habló hasta por los
codos''.
El Che, de 39 años, fue herido y capturado
en una emboscada el 8 de octubre de 1967. Dos Rangers bolivianos lo
ejecutaron al otro día, en una escuela de ladrillos de barro en el
pueblo de La Higuera, obedeciendo órdenes del dictador militar de
Bolivia, René Barrientos.
``En ningún momento ni yo ni la CIA tuvimos
participación en la ejecución del Che'', dijo Villoldo. ``Esa
fue una decisión boliviana''.